CELEBRANDO LA MUERTE


Por Manuel Medrano

Otro año que comienza, y todo parece indicar que tendremos que seguir celebrando la muerte. Alguien disfruta la muerte y se la goza como el Dios del Antiguo Testamento, como el dios de la guerra y el dios de los ejércitos. En Colombia hay un dios de la muerte que se enaltece y vivifica con la sangre derramada. Y con sevicia actúa cínica y descaradamente. Los victimarios, que antes actuaban amparados por las tinieblas de la noche, disparando desde la oscuridad, han incrementado su crueldad y renunciaron a los comandos clandestinos en su afán por seguir generando el miedo colectivo. Amparados en el poder de las metrallas y los fusiles, convierten la blancura diamantina de las calles de los pueblos en cuadros vivos de horror teñido de rojo purpura.

Desde el poder que les confieren las armas y quienes creen que la generación del miedo que producen, les endosa la eterna permanencia en la zona que privilegia a los asesinos hasta convertirlos en socios de los poderosos. Oprimen a una sociedad confundida y ofuscada que no se atreve a levantar la voz para gritar desesperada, que no sigan mandando a matar a la gente del pueblo. Esa misma gente que conforma el fundamento de la patria.

En Colombia finaliza el año, con la noticia del asesinato de Lucy Villareal, la líder y gestora cultural, que cayó víctima de las balas de los matones en el corregimiento de Llorente, municipio de Tumaco, después de terminar un taller con los niños de una institución educativa. El Ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo había estado este 17 de diciembre en Tumaco, y la asesinada líder había tenido la oportunidad de acercarse al Ministro para hablarle de sus cuitas, y por supuesto le respondió, con esa frialdad que lo caracteriza que estaban tomando los correctivos del caso.

Algo putrefacto huele en este país, pero ese olor no penetra hasta la cúpula de los que se vanaglorian en el poder. La muerte se ensaña en los más débiles, sobre todo si trasciendan construyendo país de verdad, fortaleciendo e inspirando las mentes de los marginados, sin pertenecer a las mafias de la politiquería que manipulan y obstruyen los procesos tiñendo de rojo purpura el territorio.

Ante todo, este acontecer en múltiples escenarios plagados de crímenes y donde parece perpetuarse el desgobierno, se repiten las mismas escenas dantescas que retrotraen las épocas de las masacres en Los Montes de María, y aquel video que le dio la vuelta a medio mundo como evidencia de nuestra crueldad. Un camión cargado de cadáveres y el niño que descubre allí el cuerpo de su padre, y la escena se repite en Tierra Alta, Córdoba con el hijo de María Del Pilar Hurtado, también asesinada y condenada al olvido en un país sin memoria. El video conmovió hasta los insensibles. El niño saltaba desesperado, gritando su propia tragedia. Están matando la gente y a nadie le importa. Se palpa una doble moral de quienes son tardos para tomar las decisiones que hace mucho tiempo se debieron tomar para evitar lo que ya parece inevitable. Seguir celebrando la muerte y rendirle pleitesía a los que pretenden someternos bajo el yugo del miedo y el fanatismo. Algunas voces se han escuchado, como la de la actriz y abogada, Norida Rodríguez: “Maldito país en el que uno no puede sentir paz ni decir ¡Feliz Navidad! porque amaneció ensangrentado, Malditos los perpretadores, los cómplices, los avaladores, los sirvientes que reciben las migajas y los impasibles. Malditos, muy Malditos”. Y Leticia Naranjo exclamó: “La muerte en Colombia, es tan común que la gente escoge cuales muertes lamentar y cuales celebrar”. Mientras que un senador de la república dijo: “Se desarmó el M-19 y pensamos que llegaría la paz. Con la muerte de Pablo Escobar pensamos que llegaría la paz. Con el desarme de la Farc pensamos que llegaría la paz”. Y la paz no llega. ¿Saben por qué? Porque las estructuras de la corrupción estatal y la impunidad permanecen y las estructuras paramilitares son intocables.

El gasto militar de Colombia es el más alto en la región, 10 mil millones de dólares. Y hacen demasiado énfasis en los medios para inculcarnos que los uniformados son los héroes de la patria, cuando los verdaderos héroes de la patria son los mártires asesinados y el pueblo que sigue poniendo las víctimas. En Colombia asesinan un indígena cada 72 horas y han pedido una relatoría especial a Las Naciones Unidas.

Y ante la pasividad del gobierno, el Procurador General de la Nación, Fernando Carrillo ha dicho que si existen los asesinatos sistemáticos y ha solicitado al presidente Iván Duque convocar a La Comisión Nacional de Garantías de Seguridad de manera inmediata.

Y nosotros seguiremos con nuestro silencio celebrando la muerte hasta el día que decidamos tomarnos las calles, para exigir que se callen las metrallas y que no sigan asesinando a la gente del pueblo.

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