CAMPESINOS, LOS ETERNOS OLVIDADOS


Por Manuel Medrano

Un grupo de estudiantes de la Universidad de Sucre, me invitaron a acompañarlos a una integración con las comunidades campesinas de Tumbatoro, El Yeso y Pichillín, ubicadas en los Montes de María.

Salimos a las 5 am, madrugándole a los rayos del sol. En cuanto llegamos, pudimos palpar una vez más la triste realidad del campesino colombiano, su eterna lucha por conseguir transformarse en un ser visible ante las autoridades regionales y nacionales.

El ambiente nos ayudó a rememorar la época fuerte del movimiento campesino, cuando intentó consolidarse con el lema La tierra es para quien la trabaja. Cómo olvidar la convocatoria que hizo la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia (ANUC), donde 10 mil campesinos se tomaron la plaza Olaya Herrera de Sincelejo, en el año 1989. Recuerdo que hubo pancartas, consignas y discursos. La gente no lo podía creer.  La invasión campesina los tomó por sorpresa y durante varios días cocinaron y comieron; por supuesto, terminaron meando y cagándose en pleno centro de la ciudad. El cura no pudo realizar el culto de la misa en la catedral, y las autoridades como siempre no sabían qué hacer, hasta que se marcharon por su propia cuenta a acudir al llamado del territorio para continuar con sus labores cotidianas y seguir   produciendo alimentos para una Colombia tan ingrata.

La lucha campesina ha sido ardua, pero de nada han servido los paliativos del gobierno cuando han intentado una tímida Reforma Agraria en un país incorado.

Solo ha quedado en evidencia un Estado ausente, un Estado desalmado que maltrata y mantiene en el olvido a las manos que le prodigan alimento.

Los campesinos solo son buenos para producir los alimentos en aras de  nutrir  las grandes y pequeñas ciudades,  pero nadie los escucha, mientras su voz se apaga en la penumbra.

Sería bueno que tuviesen la conciencia de los indígenas, seguramente que otro gallo les cantaría. Ellos encontraron  un gran espacio en la constitución del 91 y, por ende, tienen  sus propias normas procedimentales y líderes que los motivan a reclamar sus derechos bloqueando vías y haciendo temblar presidentes.

Los políticos solo llegan a  buscar votos sin pensar en la recomposición de esta sociedad fragmentada, y esperanzados en que el viejo orden mundial debe seguir para el bienestar de quienes  ostentan  el poder sin percatarse por quien carajo doblan las campanas.

Anterior GUERRILLEROS DE LA PALABRA
Siguiente EL SIGLO XVII, AÚN ESTA AQUI EN EL TERRITORIO

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *