BENDITAS SEAN LAS MUJERES


Por Manuel Medrano

“Todos los hombres deberían ser feminista. Si los hombres se preocupan por los derechos de las mujeres, el mundo será un mejor lugar. Somos mejores cuando las mujeres están empoderadas: esto conlleva a una mejor sociedad”. John Legend.

Con bombos y platillos la gran mayoría de colombianos han salido a celebrar porque en el Congreso se aprobó la cadena perpetua para violadores. Sin embargo, yo no he tocado mi batería ni mis bombos ni mucho menos los platillos, porque a pesar de haber nacido en esta tierra, no comparto ni el folclorismo ni la doble moral que caracteriza a un gran número de compatriotas, y a la clase política que ha perdido toda su credibilidad.

Si bien el número de violadores   ha ido en continuo crecimiento, hay otros mecanismos aplicables para contener a estos depravados sin que eso implique un retroceso y un golpe contra la Constitución, como dicen los expertos en derecho, Iván Cancino y ex fiscal, José Cintura.

Sería deseable que empecemos a generar los verdaderos cambios que necesita este país para que sus ciudadanos actúen como seres civilizados; por tal razón hay que empezar por la gran reforma de la Justicia, ya que, según los estudiosos e investigadores entre los grandes retos para transformar a Colombia, el principal y más importante es la reforma de la Justicia, o de lo contrario tendría el Congreso que aprobar la cadena perpetua para los protagonistas de los feminicidios.

La violencia en Colombia es una pandemia, que nos acostumbra a que en todos los niveles se resuelven los problemas a la fuerza, no desde la razón. No es la fuerza de las ideas, sino la fuerza física para dominar y conseguir lo que se cree merecer. Se exacerba la agresividad en la medida que el confinamiento cierra espacios físicos y de comunicación.

La asimetría de poder, el desempleo, o la desaparición de la sobrevivencia a través del empleo informal y la angustia, se va lanza en ristre contra los más débiles en el hogar: las mujeres, los niños y ancianos.

De acuerdo con el Global Study on Homicide 2018, se estima que de las 87,000 mujeres que fueron asesinadas globalmente en el 2017, más de la mitad (50,000-58 %) fueron asesinadas por sus parejas o miembros familiares. Lo que quiere decir que 137 mujeres alrededor del mundo son asesinadas a diario por un miembro de su familia. Más de un tercio (30,000) de las mujeres asesinadas en el 2017 fueron exterminadas por su pareja actual o su ex pareja.  En Colombia, de acuerdo con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses – INMLCF, durante el 2018 fueron asesinadas 960 mujeres en el país, el 32% de esos asesinatos ocurrieron en el espacio privado (314) y al menos el 13% de estas mujeres fue presuntamente asesinado por su pareja o expareja (132).  Se pude concluir,  que el patriarcado permite que se perpetué una cultura machista donde la mujer se ve con minoría de edad  cuando se trata de toma de decisiones para participar donde está la obligatoriedad de todo lo interno del hogar, pero no hacía a las responsabilidades externas que tradicionalmente han sido del hombre, se consideran muchas veces menores capacidades y menores espacios  para las mujeres; en consecuencia se perpetúa este tipo de conductas, donde el hombre cree que es el dueño de la vida de una mujer, independientemente  de la decisión que ella pueda tomar, es cuando desde la conquista en vez del romance y el enamoramiento se utiliza la imposición y la fuerza.

Los feminicidios son actos de violencia extrema que se dan en las mujeres por el hecho de ser mujeres, y esto obedece a distintas causas por el tema de poder, y de figuras patriarcales; los hombres por el tema de la autoridad son agresivos, refuerzan su autoridad a través de los golpes y el maltrato. Hay dinámicas en la familia donde piensan que tener autoridad es a través de los golpes para someterlas, por eso las violan y las matan. Creen que tienen autoridad en las mujeres y terminan agrediéndolas. Son dinámicas patriarcales.

Si no hay forma de sensibilizar al hombre en el sentido de que es un mandato de la naturaleza divina: la mujer es un ser privilegiado, por su belleza, pero sobre todo por la misión encomendada por mandato de Dios de ser madre, el principal elemento para garantizar la procreación y, por ende, el crecimiento de la familia humana en la tierra.

Hoy cuando la mujer se ha venido cultivando intelectualmente y ha pasado a fortalecer la fuerza productiva del hogar y del país, hay que combatir el arcaico machismo y doblegarlo. Porque a las mujeres solamente hay que amarlas. Benditas sean las mujeres.

“Llamar a la mujer el sexo débil es una calumnia. Es una injusticia hacia la mujer”.

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