ARTE Y MAGIA EN EL FÚTBOL


Por: Manuel Medrano

James Rodríguez, el extraordinario Jugador de la Selección Colombia, se quedó con el Botín de Oro y el título de Máximo Goleador del Campeonato Mundial de Fútbol del 2014, realizado en Brasil, donde, además, la Selección Colombia ganó el Trofeo Far Play. James había cumplido sus 20 años y superó a Thomas Muler de Alemania por un gol, por dos a Lionel Messi de la Selección Argentina, a Neymar y a Robin Van Persi de Brasil y Holanda respectivamente. Después de ese campeonato mundial de ensueño varios equipos europeos pusieron sus ojos en el jugador colombiano, pero fue Florentino Pérez, presidente del Real Madrid el primero que contactó al agente Jorge Méndez para llegar a un acuerdo que le permitiera a James Rodríguez vestirse de blanco en la fila de uno de los mejores equipos del mundo.

Con gran expectativa, los seguidores del jugador de la Selección Colombia y la prensa deportiva vieron marchar a James hacia la Península Ibérica donde todos le auguraban un rotundo éxito, a pesar de que varios colombianos que han pasado por sus filas fueron tratados con displicencia, como fue el caso de Freddy Rincón.

Definitivamente, en un equipo de estrellas no siempre se juega el mejor fútbol y eso ha quedado en evidencia en la Liga Española con el Barcelona y el Real Madrid que se adueñan siempre de la gran final sin jugar el mejor fútbol, pero contratan a los mejores jugadores del fútbol contemporáneo, donde el estado físico-atlético, la velocidad y la fuerza, relevaron el ingenio y el arte que privilegiaba a los jugadores brasileros y que fue heredado por argentinos, chilenos y colombianos con el toque mágico de cada nación.

Ese arte y esa magia maravillosa que toda su vida reclamó el gran escritor uruguayo, Eduardo Galeano, autor del libro Fútbol a Sol y sombra. Muchas veces decía que cuando iba a los estadios tan solo reclamaba una sola de esas jugadas que por su belleza y fantasía hacían vibrar las tribunas antes de llegar al climax, que es el gol, pero eso suele suceder cuando hay genios en la cancha. Por algo quienes siguieron esa senda de la génesis del fútbol permanecen en el campo focal de la conciencia de los que tuvieron el privilegio de ver jugar al Rey Pelé, a Garrincha, a Diego Maradona, a Ronaldinho o a Wilington Ortiz, entre muchos otros. Los críticos dicen que la obra de Eduardo Galeano es una confesión de amor incondicional al fútbol y a su gracia infinita. “La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía”, dice Galeano en Fútbol a Sol y sombra.

Cuando Messi llegó al Barcelona siendo un adolescente, desde la banca se deleitaba con el arte, la destreza y la picardía con la que Ronaldiñho atacaba la pelota, haciendo vibrar a las graderías antes de llegar al gol. Precisamente fue él, Ronaldiñho, quien hizo el pase para que Messi anotara su primer gol en el equipo en el cual se convirtió en su heredero, dejando en alto esa manera de jugar de los latinos que ya está en vía de extinción, esa es la estirpe a la que pertenece James Rodríguez.

No pasa inadvertido en la cancha por pertenecer a esa pléyade de jugadores que se niegan a desaparecer con la estricta lógica del futbol moderno, porque para ellos el talento, la exquisitez, la osadía y la magia es más importante que la velocidad y la fuerza. Es el mismo fútbol con que la Selección de Francisco Maturana y Hernán Darío Goméz le ganaron a la Selección Argentina 5 a 0 en el histórico partido donde brillaron el Pibe, el Tino Asprilla, Fredy Rincón, Leonel Álvarez Y Oscar Córdoba, el 5 de octubre de 1993 para la clasificación del Mundial de 1994 en Estados Unidos.

Por eso, la llegada de James Rodríguez a su nuevo equipo, el Everton de Inglaterra que cuenta con una fanaticada extraordinaria que se encuentra alborotada por el virtuosismo del jugador colombiano y su despliegue de arte cuando el balón llega a sus pies, la picardía, la inteligencia y la destreza brillan con luz propia y hacen volver la esencia del juego que nació para divertir. Ese juego bonito que practico Brasil, que lo convirtió en el campeón más respetado del mundo por mucho tiempo, llamando la atención de Europa para contratar jugadores latinos antes de que el fútbol se convirtiera en el mejor negocio del mundo y la FIFA se transformara en un imperio.

A Carlos Anceloti, el nuevo director técnico de James Rodríguez, le preguntaron por qué había llevado a James después de jugar su primer partido con el Everton de Inglaterra, y sin pensarlo dos veces, respondió: “Lo traje para que haga lo que sabe hacer; si hubiera querido velocidad contrato Usain Bolt…”.

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