ARROGANCIA Y POBREZA


Por: Manuel Medrano

Un grupo de parlamentarios de los Estados Unidos, preocupados por la suerte de los líderes sociales en Colombia, se dirigieron al presidente Iván Duque Márquez, solicitando protección para este grupo humano que ha venido siendo atacado de forma perversa: cada 16 horas es asesinado uno de ellos. Unos  días más tarde, el Arzobispo de Cali, Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, en  la V Asamblea Virtual de la Comisión Étnica para la Paz y Defensa de los Derechos Territoriales, dijo: “El gobierno del presidente Iván Duque Márquez tiene una venganza genocida contra los procesos de paz”. Esto provocó la ira santa de uno de los miembros del Centro Democrático, partido al que pertenece el presidente de Colombia, el cual resultó ser un parlamentario, que pidió a la Santa Sede que lo trasladara de Cali para cualquier otro lugar; motivo por el cual se dividieron las opiniones porque mientras la Iglesia Católica Colombiana, emitió un comunicado desautorizando al Arzobispo,  el Secretario General para la Promoción del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, Bruno Duffé, dio respaldo total a Monseñor Darío de Jesús Monsalve, expresando: “que la palabra de un Obispo cercano a su pueblo merece consideración y respeto, también dijo que quienes cuidan de la vida y la tierra merecen respaldo total, hoy el grito de los pobres y el grito de la tierra es importante para  que no se olvide a quienes fueron asesinados por defender los derechos y la paz”.

Y como si todo esto fuera poco el periódico más importante del mundo, El New York Times, culpa al gobierno del presidente del aumento de la pobreza en el país, en un artículo que publicó en primera plana titulado In Pandemic, for Colombia’s Poor,»Hope Is Over» En la pandemia, para los pobres de Colombia la esperanza se acabó. El prestigioso periódico norteamericano envió dos periodistas, Julie Tukewitz y Sofia Villamil y al reportero gráfico Federico Ríos a hacer un reportaje acerca de la situación en Colombia en tiempos de pandemia. Según El New York Times, el poco progreso que Colombia había alcanzado en 20 años se vino abajo en 4 meses de confinamiento, producto de una economía frágil, donde los ricos se han vuelto más ricos y los pobres se han vuelto más pobres. Los periodistas, después de recorrer el interior del país, mencionan en el artículo que vieron prostitución de menores y un abandono del campesinado, lo que les obliga a perder sus cosechas por falta de transporte.

Para quienes tienen buena memoria es fácil recordar que cada vez que la prensa norteamericana se refiere a Colombia hablando de los aspectos negativos del gobierno, queda en evidencia la arrogancia del presidente y sus ministros que suelen levantar la voz para rasgarse las vestiduras y pedir rectificación, algo que nunca consiguen; mientras tanto, continúan aplicando la política del avestruz.

La Cepal, (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), en su pronóstico para Colombia advierte un escenario extremo con una tasa para 2020 que llegaría a niveles del 32,5% de pobreza. El gobierno sigue mirando para otro lado y no emprende las reformas pertinentes que permitan un cambio de rumbo, en aras de aliviar de una vez por todas las zonas como la Guajira, el Chocó y la Costa Pacífica que han sido los eternos olvidados, lo mismo que esos pueblos inexistentes en el mapa nacional y que solo son visibilizados por las tragedias, como el caso de Tasajera, en el departamento del Magdalena, si no hay un cambio de rumbo la esperanza está perdida porque la arrogancia en los gobiernos son uno de los peores enemigos de la pobreza.

 

 

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