ARACATACA ESPERA


Por Manuel Medrano

Recuerdo las promesas incumplidas de mi padre cuando yo estaba estudiando la primaria. Me prometió una bicicleta si me ganaba el año, y la promesa no cumplida se fue aplazando tantas veces, hasta que un día se presentó en Tolú, con una bicicleta de segunda para ponerse a paz y salvo con su hijo después de 4 años de espera. Lo mismo sucedió cuando comencé a cursar el bachillerato, primero en San Onofre en el Colegio Manuel Ángel Anachury y más tarde en el Liceo de Bolívar de Cartagena. Con ánimo de estimular mi aprendizaje, muchas veces prometía cosas que más tarde un cúmulo de limitaciones le impedían cumplir. Le preocupaba que fuera a perder el año a pesar de la fama que sus 6 hijos nos habíamos ganado por ser buenos estudiantes.

Cuando terminé el bachillerato en el prestigioso, Liceo de Bolívar de Cartagena, la felicidad de mi familia fue superlativa, fui el segundo en obtener el título de bachiller de ese pueblo olvidado: Berrugas, tierra de campesinos y pescadores, en el municipio de San Onofre. Contrataron un picot, y, contra de mi voluntad hicieron una fiesta de dos días, sacrificando 20 gallinas y cuatro marranos para los pasteles, sancochos y chicharrones. Vino gente de todas partes. Y como si fuera poco, el regalo fue un largo paseo con mi tío Marcial Medrano y mis primos a Aracataca, la Zona Bananera y a unas tierras que tenía mi tío cerca el Rio Buritaca y la Sierra Nevada de Santa Marta.

Este año cuando se conmemora el natalicio 93 del Hijo más Ilustre de Aracataca, quisiera hacer memoria para recordar la primera vez que me topé con una crónica de Gabriel García Márquez y cuál fue el primer libro de su autoría que tuve en mis manos.

Cuando me enteré de la noticia, que la Academia Sueca lo había declarado ganador del Premio Nobel de Literatura, en el año 1982, por su obra narrativa, encabezada por Cien Años de Soledad, sentí una felicidad indescriptible y mucho Orgullo Patrio. Desde entonces comencé a coleccionar todos sus libros y a releer sus crónicas y notas periodísticas desde cuando llegó al Espectador y al Universal de Cartagena.

Sin duda alguna mi pasión por la lectura se la debo a él y mi mayor interés por involucrarme en el acto creativo de escribir e intentar publicar, se debe a mi admiración por la manera como el hijo más ilustre de Aracataca, lograba atraparme con su narrativa y con su manera de hacer periodismo. Al enterarme de su paso por el departamento de Sucre, donde solía pasar vacaciones en el municipio de Sucre – Sucre, tierra donde vivieron sus padres y el escenario donde su padre le dijo que “tendrás que comer papel” cuando se enteró que dejaba sus estudios de derecho, que había comenzado en la Universidad Nacional de Bogotá y que luego intentó continuar en la Universidad de Cartagena, para dedicarse al periodismo y a la literatura.

“Tendrás que comer papel”, exclamó el Telegrafista de Aracataca y médico cúralo todo en ese entonces en Sucre. Y García Márquez sintiéndose acosado por la familia, les dijo que un día iba escribir un libro que sería más importante que el Quijote de la Mancha.

La grandeza de Gabriel García Márquez no tiene comparación al convertirse en una figura emblemática de un país maravilloso que ha sido maltratado por la violencia, el narcotráfico y la corrupción, cuya imagen internacional comenzó a cambiar cuando el mundo inició la búsqueda del origen de la semilla floreciente e inspiradora de la mayor obra de literaria del Siglo XX. Cien Años de Soledad, la cual ha sido traducida a 47 idiomas e incluso el idioma chino.

Y se encontraron con un país Sur Americano lleno de gente grande, buscando mostrar sus potencialidades y con regiones como la costa Caribe, inspiradora de las historias increíbles contadas en Cien Años de Soledad y en toda la extensa obra del Nobel de Literatura Colombiano.

Sin embargo, hay quienes critican al gran escritor por que no hizo obras en su pueblo como si la naturaleza de un creador fuera la gestión pública que compete al Estado y a sus dirigentes. Hasta un vallenato en la voz de Jorge Oñate titulado Aracataca Espera le cuestiona por haberse olvidado de su pueblo.

La fama mundial que tiene Aracataca se la debe a la obra de su escritor. Turistas de todas partes llegan a conocer el Museo de Gabriel García Márquez, la estatua de Remedios la Bella y la tumba de Melquiades.  En el 2003 el presidente de la república viajó con sus ministros a anunciar inversiones en el sector turísticos por 2.6 millones de dólares.

Colombia es tierra de grandes escritores y hay una nueva generación que se liberó de la influencia Garciamarquiana, pero muy lejos de alcanzar lo conquistado por el hijo de Aracataca.

Gabriel García Márquez falleció en México el 17 de abril de 2014, y gozó del privilegio de algunos hombres (los que han hecho vibrar a millones de persona plasmando lo que ha brotado de su alma), vivir incólume en el eco de la eternidad. Eso no se lo podrán quitar.

Y es tal vez los que algunos no han entendido: la dimensión a la que llegó Gabriel García Márquez y lo mucho que esto significó para Aracataca y Colombia que quedaron ubicadas en la órbita geoestacionaria del universo del mundo de las letras, gracias a su trabajo consagrado y premiado por la Academia Sueca en 1982.

Qué tal que David Sánchez Juliao, Manuel Zapata Olivilla, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar hubiesen dejado el acto creativo para hablar con presidentes, senadores y alcaldes, para gestionar obras de infraestructura en los pueblos en que nacieron. Sin duda alguna hubiesen sido malos políticos y no nos hubiesen permitido acariciar la gloria como colombianos y latinos.

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