¿ADÓNDE FUE A PARAR LA MÚSICA SABANERA?


Por Manuel Medrano

A propósito de la postulación del maestro Adolfo Pacheco Anillo,  al Premio Nacional  Vida y Obra del Ministerio de Cultura, y teniendo en cuenta que es un sabanero reconocido a nivel nacional como uno de los últimos juglares de la música Vallenata, que además los organizadores del Festival de la Leyenda Vallenata comenzaron, en ese complejo mundo del apasionamiento y el fanatismo que los caracteriza, a reconocer su grandeza, cuando  protestó de manera inteligente por la descalificación de Andrés Landero 1968 en el Festival,  creando esa obra inmensa como lo es La Hamaca grande, el  periodista Daniel Samper Pisano,  quien se autoproclama vallenatólogo, cuando lo conoció quedó sorprendido, no solo por la dimensión de su obra, y por su amplio bagaje intelectual,  sino porque no lo tenía dentro de su inventario. Llama la atención que lo reconozcan como el último Juglar Vallenato, sin tener en cuenta que, por supuesto, es uno de los Juglares más prominentes de la música Sabanera, junto a Lisandro Meza y Alfredo Gutiérrez. Esas son las consecuencias de la desaparición de la cumbia y el porro del panorama nacional y de la falta de trascendencia de sus compositores, los cuales en antaño nutrían el cancionero tropical de la Región Caribe, Colombia y parte de América Latina. Las Grandes Orquestas de Venezuela como La Billos, Los Melódicos, Nelson Henríquez y Pastor López, fueron reconocidos intérpretes de la sonoridad sabanera que se esfumó y hoy en día solo hace parte de un pasado recordado con nostalgia en un escenario fustigado por la carencia de compositores, de orquestas e intérpretes. La nueva generación de compositores está entregando sus canciones a agrupaciones mexicanas, donde la cumbia siempre ha estado en boga.

Quienes han estado preocupados por la crisis son unos convencidos de que retomando el Festival Sabanero se podría recuperar el tiempo perdido, y han fracasado en su propósito. En 1987 el Festival convocó, en un intento desesperado por catapultarse hacia el prestigio, a Rafael Escalona, Rafael Manjarrez, Roberto Calderón y Alejandro Duran. Este último hizo una presentación especial el día de la inauguración.  En esa oportunidad, Roberto Calderón, célebre compositor vallenato, resultó ganador del concurso de la canción inédita, generando inconformismo en el resto de los participantes porque su canción no era música sabanera.

Sin lugar a dudas, el auge del Vallenato eclipsó la música sabanera, al convertirse en un producto comercial que trasformó la forma de digitar el acordeón de los jóvenes músicos de Bolívar, Sucre y Córdoba, que en vez de seguir la ruta marcada por Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa y Lisandro Meza, se fueron detrás de los pasos de Colacho Mendoza, Israel Romero, Juancho Rois y El Cocha Molina,  y nunca se enteraron de las proezas de Lisandro, quien fue un fenómeno fuera de su solar nativo, lo mismo que Alfredo Gutiérrez.

Lisandro hizo en Cali, la Capital de la Salsa, lo que no lograron ni Rubén Blades, Héctor Lavoe, Wilie Colon, Tito Nieve, Celia Cruz ni Cuco Valoy: ser el gran ídolo de la Feria de Cali, era imprescindible, cada año llegaban de Nueva York uno o dos grupos de Salsa, mientras que Lisandro hacía presencia anualmente, y todos los mano a mano los ganaba. Esto le sirvió como plataforma para conquistar el Sur Occidente Colombiano, y pasar a Perú y a Ecuador, donde las Tapas, Entre Rejas, la Miseria Humana, Baracunatana y Dos Mujeres, fueron su carta de presentación.

El sello que imprimieron Los Corraleros de Majagual se debe a la dimensión y virtuosismo de cada uno de sus integrantes. Con justa razón, algunos musicólogos los comparan con la Fania.  Es imposible visualizar una agrupación en la actualidad con figuras de la talla de Chico Cervantes, Cesar Castro, Tony Zuñiga, Nacho Paredes, Alfredo Gutiérrez y Calixto Ochoa.

La paloma guarumera, el Jilguerito, Festival en Guararé, Corazón de acero, Fiesta en corraleja, Playas marinas, Los sabanales, El africano y el repertorio de la Sonora Cordobesa y del Maestro Pablo Flores, ¡insuperables! Tendremos que vivir añorando con los tiempos idos, porque no hay señales que nos permitan presumir que una generación como la que está adportas de despedirse (algunos ya se fueron) tenga remplazo. La reivindicación de la música sabanera está muy lejana, nos quedó grande el reto. Viviremos del pasado, lamentablemente.

Adolfo Pacheco, cumple 80 años y el Instituto de Cultura y Turismo de Bolívar, lo postula al Premio Nacional Vida y Obra 2020, que otorga el Ministerio de Cultura; es importante recordar que tiene más de 180 canciones grabadas, de las cuales 60 de ellas han sido grandes éxitos: El viejo Miguel, El Mochuelo, Me rindo Majestad, El Pintor, El tropezón, El cordobés, Mujeres morenas, Mercedes y La Hamaca grande. En año 2005, fue declarado Rey Vitalicio de la Leyenda Vallenata.

Lisandro Meza y Alfredo Gutiérrez, tienen suficientes méritos para ser nominados al premio Vida y Obra del Ministerio. Ojalá no lo olviden las Organizaciones Culturales que pueden nominarlos antes que sea demasiado tarde… En vida hermano, en vida.

 

Anterior Torcaza Meridional
Siguiente Torcaza Meridional

Sin Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *